9o día del Festival, Películas: The Sacrament, Lesson of the Evil, Haunter y The Wind Rises
Esta mañana en rueda de prensa se ha anunciado el palmarés del Festival. La película ganadora ha sido Borgman, del director holandés Alex van Warmerdam, que recibió también el premio Màquina del Temps del Festival. Los premios han quedado muy repartidos: la mejor dirección ha ido a parar a los israelíes Navot Papushado y Aharon Keshales por la magnífica Big Bad Wolves; la mejor fotografía para Larry Smith por su gran trabajo en Only God Forgives. La mejor interpretación femenina ha sido para Juno Temple por su retrato lleno de fragilidad de la locura en Magic Magic, mientras que Andy Lau, de forma incomprensible para mi, ha sido recompensado por su histriónica interpretación en Blind Detective. El premio al mejor guion ha sido para James Ward Byrkit por Coherence. Afflicted, de Cliff Prowse y Derek Lee, se ha llevado el premio a mejores efectos especiales. El jurado ha otorgado un premio especial a Only Lovers Left Alive de Jim Jarmusch y una mención especial a Jodorowsky’s Dune, de Frank Pavich, que también ha ganado el premio del público, otorgado por primera vez a una cinta de no ficción. La crítica ha premiado a The Congress, de Ari Folman y a Shane Carruth (Upstream color) como mejor director novato (a pesar de que es su segunda película).
El Festival ha cerrado su 46 edición con una gala culminada con la proyección de The Sacrament, de Ti West. El actor AJ Bowen, una de las caras más visibles del cine indie y coprotagonista de la cinta, ha estado en Sitges para su presentación. Ángel Sala, el director del Festival ha defendido la importancia del cine y la cultura catalanas, hoy en día amenazadas por los recortes, los impuestos y su carácter poco mayoritario. El director Takashi Miike ha recibido el Gran Premi Honorífic de Sitges. En su discurso, un emocionado Miike ha afirmado que es el mejor premio que ha recibido nunca. Casi seguro que este es el festival internacional que más aprecia su cine y donde tiene más fans. Los premios han sido entregados por los actores Guillem Albà y Melina Matthews. La ceremonia ha sido dirigida por Pau Escribano y Guillem Albà sobre el guion de Pau Escribano con la producción técnica de Oriol Ibáñez. Varios actores del programa humorístico de Televisió de Catalunya Polònia, de la sèrie La Riera y miembros de las Mamzelles han colaborado en la ceremonia.
Hoy se ha celebrado la sesión sorpresa, que este año ha sido Star Wars episodio VI: El retorno del Jedi para homenajear el 30 aniversario de su estreno. Gracias a una iniciativa conjunta del Festival y Phenomena se ha proyectado una copia en 35 milímetros de la edición especial restaurada que se estrenó en 1997. La sesión ha contado con la presencia de un nutrido grupo de soldados imperiales, Bobba Fett y varios jedis, que han acompañado a Ángel Sala y al representante de Phenomena en la presentación del film. Phenomena es una iniciativa que nació hace tres años con el objetivo de recuperar en las salas de cine películas comerciales clásicas de los 70, 80 y 90, así como cintas emblemáticas que hayan marcado a los espectadores. Me parece una idea fantástica, que permite recordar (o descubrir, depende de la edad) películas increíblemente entretenidas. En muchas ocasiones se presentan en el formato de sesión doble, otra gran idea.
Empiezo el último día de un Festival que me ha pasado en un suspiro a unas tempranísimas 8:30 viendo en el Auditori la película de clausura del festival, The Sacrament, de Ti West. El director, que con sólo 33 años ya se ha labrado un nombre dentro del género de terror gracias a películas como The House of the Devil y The Innkeepers, ha cambiado de registro para ofrecer una película en forma de documental falso basada libremente en hechos que ocurrieron en Jonestown (Guyana) en 1978, producida por su compañero de generación Eli Roth y que se aparta del género pero que asusta más que nada de lo que haya hecho hasta ahora.
En The Sacrament dos miembros del grupo de noticias de internet VICE, interpretados por AJ Bowen y Joe Swanberg acompañan a un fotógrafo amigo suyo que va a visitar a su hermana a una comuna religiosa con el objetivo de realizar un reportaje. La 'Parroquia Edén' está situada en medio de la jungla en un país del Tercer Mundo. Cuando llegan, observan que está rodeada de una valla patrullada por hombres armados, tensos por la presencia inesperada de los dos periodistas con una cámara. Pero tras aparecer la hermana de su amigo la situación se calma y una vez dentro del recinto todo parece muy pacífico y armonioso; una comunidad que vive de una forma sencilla pero espiritual con principios basados en un socialismo muy rudimentario. Tras entrevistar a varios entusiastas residentes, les conceden permiso para entrevistar al misterioso 'Padre' que rige el lugar en el transcurso de una fiesta organizada en su honor esa misma noche.
The Sacrament es una película de ritmo pausado que poco a poco va haciendo crecer la tensión en el espectador. Aunque en primera instancia casi todo parece muy idílico, el ambiente que va creando la película es ominoso, como de tormenta a punto de estallar. El momento culminante de la tensión es la entrevista al 'Padre'; aunque sólo es una charla entre dos hombres, rodada por un tercero y con un público mirándola, la escena provoca escalofríos, en gran parte gracias a la fantástica interpretación de Gene Jones. Su 'Padre' es un hombre mayor grueso, con acento sureño, total seguridad en sí mismo, dicción lenta y un discurso demagógico, populista, que sumado a su carisma algo hipnótico no deja dudas de que pueda calar en una audiencia vulnerable. Las reacciones del público y del entrevistador, interpretado por el siempre competente AJ Bowen, sumadas a la sutil amenaza que desprende el predicador, contribuyen decisivamente a crear una atmósfera amenazadora, opresiva.
Tras crear toda esa tensión, la cinta la hace estallar en una escena final sobrecogedora tanto por lo que narra como por su intensidad. El formato de la película, presentada como el material que han ido grabando los dos periodistas durante su investigación, me parece ideal para todo el metraje excepto para su parte final porque ayuda mucho a acercar al espectador a la narración mientras está circunscrita a lo que ven los periodistas, pero se queda un poco corto cuando aumentan la acción y el número de puntos de interés. Los actores están muy bien durante toda la película; AJ Bowen y Joe Swanberg, los dos periodistas, ambos habituales del cine independiente estadounidense, cumplen perfectamente con sus roles. Gene Jones tiene una participación pequeña, pero de importancia decisiva. Algunos de los actores secundarios también están a mucho nivel; Amy Seimetz borda su papel de antigua adicta a las drogas, sugestionable y completamente entregada al movimiento y Donna Biscoe realiza una composición estremecedora de la enfermera del campamento, obligada por su fe en los predicamentos del Padre a realizar cosas horribles.
The Sacrament me ha parecido una muy buena película, un cambio de rumbo de su director Ti West que le ha salido muy bien. Es quizá su mejor trabajo hasta la fecha y una demostración que posee muchos registros narrativos distintos. La película es interesante, convincente y terrorífica, sobretodo teniendo en cuenta que hechos muy similares (incluso peores) sucedieron realmente.
Sin pausas, sigo en el Auditori para ver Lesson of the evil, de Takashi Miike (sección Oficial Fantàstic a competición). El director japonés, presente en la proyección para presentarla, fue aplaudido a rabiar por el público asistente, dejando pocas dudas sobre su popularidad en este festival. Miike, un director más que prolífico, ha llegado a dirigir seis películas al año. Los dos mini-ciclos retrospectivos de su obra exhibidos en Sitges en 2003 y este año, sumados a las como mínimo dos películas nuevas anuales han hecho que Miike sea el director que más películas se ha presentado en el festival. Su estilo extraño de dirección, su sentido del humor marciano, su amor por el cine de género, la variedad de sus trabajos y la violencia en pantalla encajan perfectamente con los gustos del público que suele venir a Sitges. Como yo mismo, una buena parte de ese público ha descubierto al director a través del Festival.
Lesson of the evil, basada en el best-seller de Yusuke Kishi, transcurre en un instituto privado japonés. Allí acaba de entrar a trabajar como profesor de inglés Seiji Hasumi (Hideaki Ito), un hombre joven, cordial y popular entre los alumnos. Pero detrás de esa fachada se esconde un psicópata sin ningún tipo de empatía, que recopila trapos sucios de los demás maestros y de los alumnos. Primero se limita a obtener ventajas para él a través de chantajes, pero pronto va escalando hasta perpetrar asesinatos cuidadosamente orquestadas de los que sale impune. Cuando los alumnos de varias clases se quedan una noche en el instituto para preparar decoraciones para una fiesta, decide acabar con todos.
Como muchas de las películas de Takashi Miike, Lesson of the evil es una cinta muy curiosa. El arranque de la película, con el joven Seiji Hasumi preparándose para asesinar a sus padres mientras discuten en el dormitorio si entregarlo a la policía porque acaban de enterarse que es responsable de una serie de asesinatos, es potente y está espléndidamente rodado. El tramo central de la cinta, con el profesor destapando los trapos sucios del instituto, no tiene el mismo nivel, pero sí interés. Los personajes son bastante exagerados, el ritmo narrativo un poco demasiado lento y reitera demasiado las obsesiones del profesor (la canción Mack the Knife, la mitología nórdica). De todas formas, los asesinatos de esta parte están bien rodados, son fríos, planificados y el director ahorra al espectador el momento de la muerte de las víctimas, haciéndolo más inquietante. El tramo final de la película es muy distinto; pierde todas las inhibiciones y muestra una muerte tras otra hasta hacerlas muy tediosas para el espectador. Esta última parte tiene un cierto humor negro y aunque no encaje demasiado con el tono usado hasta ese momento tiene gracia al principio, pero como toda broma repetida demasiadas veces, la pierde muy rápido. Tampoco aporta prácticamente nada a lo que se ha contado hasta ese punto, dejando como única incógnita qué alumnos sobrevivirán o si atraparán al profesor loco. Tras al menos 45 minutos de matanza indiscriminada, contada sin tensión, sin que casi ninguna víctima intente nada para sobrevivir, repitiendo una muerte tras otra, el desenlace final de la película me pareció muy tonto.
Con más de ochenta películas en su haber, Takashi Miike tiene de todo; grandes trabajos, mediocres y horribles. En los últimos años parece haber disminuido el ritmo, lo que hace que sus películas estén mejor acabadas, sean menos irregulares. Lesson of the evil es una película bien realizada, con una buena fotografía, un casting sólido y momentos de dirección inspirada que pincha miserablemente al final. La película resulta demasiado larga; eliminando media hora de su tedioso final en la mesa de montaje, la película mejoraría bastante. El resultado final me parece mediocre; si busca provocar, conmigo no lo consiguió; si busca estremecer tampoco tuvo suerte con eso. Miike podría haber puesto en las escenas de violencia bien el aterrador realismo que usó en Audition o bien el humor marciano y extravagante de Ichi the killer, pero se queda en un insulso término medio. Una lástima.
Continuo mi día de cine viendo Haunter, de Vincenzo Natali (sección Oficial Fantàstic Especials) en el Auditori. El director canadiense tiene una filmografía no muy larga pero interesante, con películas como Cube (mejor película en la edición de 1997 del Festival), Cypher (2002) o Splice (2009). En sus guiones siempre ha mostrado una predilección por usar el género de ciencia-ficción como una herramienta para hacer enmarcar los temas principales de sus historias. Ahora, cuatro años después de su última película, presenta Haunter, una cinta de terror tan atiborrada de referencias a otras películas que cuesta encontrar un fragmento original.
La protagonista de Haunter es Lisa (Abigail Breslin), una chica que parece vivir siempre el mismo día. Cada mañana se despierta con la voz de su hermano pequeño en un walkie-talkie. Una densa niebla envuelve la casa y no permite ver más allá de ella. Tras levantarse, desayuno de tortitas y sirope con la familia (madre, padre y hermano menor), donde siempre le preguntan dónde querrá ir a celebrar su cumpleaños del día siguiente y la mandan a hacer la colada en el sótano mientras el padre va al garaje a reparar el coche. Siempre se sirve el mismo almuerzo, tras el cual va a su habitación a practicar la pieza Pedro y el Lobo al clarinete. Cena familiar, tras la cual todos van a ver el mismo capítulo de Se ha escrito un crimen. Lo más desesperante es que sólo ella parece ser consciente de ese hecho, si se lo intenta decir a sus padres la ignoran. Tras un cierto número de repeticiones, empieza a intentar cambiar las cosas e investigar qué está pasando, lo que traerá consecuencias y revelaciones que no espera.
La película tiene un arranque prometedor, al estilo de Twilight Zone, pero pronto se hace patente que el guion de Brian King y Matthew Brian King es muy flojo; le falta tensión dramática, no asusta, no tiene suspense y es completamente previsible. La historia es muy derivativa; los referentes temáticos y formales a Atrapado en tiempo, Los otros, El resplandor e incluso a The lovely bones son penosamente evidentes en muchos momentos. Para ser una película de terror, no tiene momentos que sean realmente inquietantes, sólo sustos fáciles subiendo el volumen de la banda sonora al máximo, que encima se ven venir a la legua. Por si no fuera suficiente, se repite tantas veces la rutina diaria de su protagonista que al final me ha contagiado todo su tedio, desconectándome de una trama pobre, excesivamente sensiblera y con una lógica interna tirando a difusa.
Por suerte la realización de la película es mucho mejor que su guion. La fotografía y la puesta en escena son muy buenas; las transiciones entre distintas épocas en los mismos escenarios se indican muy bien al espectador con decorados muy distintos y sutiles cambios en la iluminación. La dirección de Vincenzo Natali es competente, pero no logra sobreponerse al guion; la película tiene un cierto ritmo, pero no por eso deja de tener momentos soberanamente aburridos. A pesar de los esfuerzos que realiza para crear tensión, muchos de ellos caen en saco roto. El reparto es algo irregular; Abigail Breslin está muy bien, su carisma llena muchos de los agujeros que tiene su personaje; a Stephen McHattie le pasa algo parecido: resulta inquietante pero su villano es terriblemente tópico. Los demás actores están un poco peor; los padres resultan muy inexpresivos y el hermano menor es muy irritante.
Haunter es de lejos la peor película que ha dirigido Vincenzo Natali hasta la fecha. Hasta ahora sus trabajos se habían caracterizado por intentar aportar historias con puntos de vista frescos, poco previsibles y que siempre intentaban contar algo. Con esta película esta tendencia se ha hecho pedazos; es aburrida de tan referencial, todo lo que cuenta ya ha sido contado mucho mejor en otras películas.
Termino el día y el festival viendo una de las películas que más expectativas me había generado, The Wind Rises, de Hayao Miyazaki (sección Oficial Fantàstic Especials), en un Auditori lleno hasta la bandera. Por desgracia la sesión ha empezado con más de una hora de retraso, convirtiéndose en casi en sesión golfa. Compadezco a los que van a entrar a la maratón de cuatro películas que empieza después. The Wind Rises es el último trabajo para el cine de uno de los mayores genios en el campo de la animación. Miyazaki anunció que dejaba de hacer largometrajes debido a su edad y a lo mucho que le exigía su realización. Para desperdirse ha elegido apartarse del cine para todos los públicos y crear una cinta poética, intensa e imaginativa pero con transfondo realista y temas dirigidos al público adulto.
La película está basada en el manga homónimo, que a su vez incorpora elementos de una historia corta del novelista y traductor Tatsuo Hori (a quien está dedicada la cinta). The Wind Rises es una biografía con elementos de ficción del ingeniero aeronáutico Jiro Horikoshi, que pasó a la historia por diseñar los cazas Mitsubishi A5M y A6M, conocido como Zero, el caza japonés más usado en la Segunda Guerra Mundial. La película arranca con Jiro, un niño corto de vista que vive en una prefectura rural cuya obsesión es el vuelo y su mayor sueño crear máquinas capaces de volar, que aprende inglés con un diccionario para poder leer revistas de aviación extranjeras.
Tras ese inicio, la película salta a 1923, donde un joven Jiro, ahora un estudiante de ingeniería está volviendo a Tokyo en tren cuando se produce un terrible terremoto. En una secuencia visualmente impresionante, Miyazaki muestra como la tierra, torturada por violentas ondas provoca olas de destrucción que desecandenan grandes incendios en una ciudad hecha básicamente de madera. Durante el caos, Jiro conoce y ayuda a Nahoko, una chica muy joven y asustada que años más tarde se convertirá en el amor de su vida. A partir de este punto la película muestra como despega la carrera de Jiro dentro de la industria aeronática japonesa, ansiosa por ponerse al día con los países más técnicamente desarrollados. Pensando en el diseño de un nuevo caza, es enviado a Alemania junto con otros ingenieros, donde conocerá a otra leyenda de la aviación, Hugo Junkers, el diseñador del primer avión completamente fabricado con metal. A principio de la década de 1930 empieza, ya como diseñador jefe, a planear el que será el caza Mitsubishi A5M, el primer monoplano capaz de despegar y aterrizar desde un portaviones del mundo. Durante esa fase se volverá a encontrar con Nahoko, con quien iniciará una trágica historia de amor.
The Wind Rises es una película poética, vitalista y positiva a pesar de estar ambientada en una época llena de claroscuros que terminó muy mal. Su título es una cita de un poema del francés Paul Valery, '¡El viento se levanta! ¡Hay que intentar vivir!', que enmarca perfectamente el tono y la idea de la cinta. El protagonista es un hombre callado y tranquilo cuya vocación, obsesión y propósito vital es el diseño de aviones, sin más consideraciones. No se plantea demasiado ni las evidentes aplicaciones bélicas de su trabajo ni el régimen político bajo el que vive, eso está en un segundo plano. Tal como afirma al final del film, 'Todo lo quería es hacer algo hermoso'. Tan absorto está que le cuesta parar de trabajar incluso durante los primeros meses de su matrimonio. La película refuerza esta imagen con magníficos fragmentos oníricos en los que Jiro se encuentra con el legendario ingeniero italiano Giovanni Caproni, una especie de espíritu guía que le acompaña desde su infancia. Tal como le dice Caproni al joven Jiro, 'los aeroplanos son sueños preciosos'.
A pesar de retratar la obsesión de su protagonista y su bella y trágica historia de amor, la película no evita del todo la complicada situación política del periodo de entreguerras. Mediante una escena en que aparece un refugiado alemán que cita a La montaña mágica, de Thomas Mann y advierte del nefasto final al que están abocados Alemania y Japón. También aparecen referencias a la represión policial imperante en ambos países y fragmentos de la vida cotidiana de un Japón atrasado y tradicional pero ansioso por industrializarse y colocarse a la altura de las potencias mundiales. Miyazaki trata esos temas, controvertidos incluso hoy en día en su país, con una delicadeza extrema; la cinta no tiene violencia visible, sólo solapada, insinuada. La mirada del director es triste pero evita los juicios de valor y señalar culpables.
En toda la obra de Miyazaki es patente la fascinación que siente por el vuelo, especialmente evidente en películas como El castillo en el cielo, Porco rosso (con la que The wind rises tiene muchas conexiones) o El castillo ambulante, por lo que no extraña la elección del tema. La animación de la película es soberbia en las escenas aéreas y en momentos como el del terremoto. Sin dejar de ser correcta, en otros momentos es menos espectacular, en ese apartado esta no es la mejor película de su autor. Como siempre, uno de los puntos fuertes de la película es su tono; Miyazaki es único para crear atmósferas de gran lirismo, para transmitir emociones sin resultar empalagoso y para acercar sus personajes al espectador. En esta película ha imprimido un ritmo lento que favorece al tono poético con que trata los preciosos sueños que son las máquinas capaces de volar y a la tristeza por una época que sembró las semillas de la destrucción de naciones enteras y la muerte de millones de personas y por un amor condenado a ser breve. La banda sonora de Joe Hisaishi, con un tema principal en los que dominan el acordeón y la mandolina resulta un acompañamiento fantástico a las imágenes.
Con The wind rises Hayao Miyazaki se ha despedido por todo lo alto. Sin entrar a comparar demasiado me parece que está a la altura de sus mejores trabajos y es sin duda superior a sus dos últimas películas, muy dirigidas al público infatil. Si realmente se retira echaré mucho de menos sus películas.
(c) 2013 Jordi Flotats