Na Hong-jin vuelve con Hope, un espectáculo de acción y criaturas de dos horas y media con tres secuencias de una dirección impresionante, la primera de ellas de lo mejor que he visto en años. Le sobra metraje y le falta historia, pero es muy recomendable.

Na Hong-jin tiene una filmografía reducida, pero es el autor de dos de mis thrillers favoritos: The Chaser y The Yellow Sea. Con ese bagaje, y con el recuerdo también de El extraño (The Wailing), entré a ver Hope con ganas y con bastantes expectativas. Y en lo que más pesa en una película de este tipo, la dirección, no me defraudó en absoluto: es una película impresionante.
Hope llegó a la Sección Oficial del Festival de Cannes el pasado mayo, donde compitió por la Palma de Oro, y se presenta además como la película más cara de la historia del cine coreano. Su recepción ha sido muy divisiva: a algunos les ha parecido magistral, a otros directamente una mala película. Yo la pude ver en el pasado Festival de Sitges y sin parecerme magistral sí que la disfruté mucho.
La premisa es sencilla. En una remota aldea de montaña, unos incendios forestales cortan las comunicaciones y aíslan a una población formada en su mayoría por ancianos. El jefe de policía local, Bum-seok (Hwang Jung-min), y una agente novata, Sung-ae (Jung Ho-yeon), tienen que proteger a los vecinos de una amenaza tan repentina como inexplicable: una criatura desconocida que ha aparecido en la zona. Mientras tanto, un grupo de rastreadores locales, con Sung-ki (Zo In-sung) al frente, sale al bosque a darle caza, aunque pronto los papeles empiezan a invertirse.
Con una introducción breve, la película se organiza después en torno a tres grandes segmentos que se leen como grandes escenas de acción: la primera en el pueblo donde transcurre la historia, la segunda en los bosques cercanos y la tercera en una carretera próxima al bosque. Aquí está lo mejor de Hope. Las escenas de acción y las persecuciones están rodadas de forma magistral, con un ritmo y una tensión que se mantienen durante casi toda la duración de la película. La fotografía de Hong Kyung-pyo, que ya trabajó con Na en El extraño, tiene mucho que ver, con sus encuadres angulares y sus planos generales pensados para la pantalla grande.
La primera de esas secuencias me pareció sencillamente soberbia, de lo mejor que he visto en años. Su protagonista, un policía asustado, sigue durante mucho rato el rastro de destrucción que ha dejado la criatura hasta encontrarla. No vemos a la criatura hasta prácticamente el final de la escena, y esa decisión de dejarla fuera de plano contribuye enormemente a la tensión y a la expectación. Hwang Jung-min sostiene buena parte de ese tramo con su miedo y con su físico, y es una de las interpretaciones que más he disfrutado.
Donde Hope flojea es en el guion. Argumentalmente ofrece bastante poco: va dejando pistas tras las escenas de acción para que nos hagamos una idea de lo que está pasando y de qué hace la criatura en el pueblo, pero la información llega a cuentagotas. Y justo cuando la película empieza a abrir el campo y a darnos más datos, se termina en seco. Para mí eso es lo peor: nos deja una historia incompleta sin ningún tipo de aviso y, en dos horas y media, la información real que recibimos de esa historia es escasa. Me da la sensación de que se piensa más en lo que vendrá después que en cerrar lo que se ha contado.
Esa duración es, además, mi segundo reproche. Las dos horas y media me parecieron algo excesivas. Las tres secuencias de acción son geniales, pero en mi opinión se podrían haber reducido, especialmente las dos finales, que alargan una tensión que ya habían conseguido sobradamente. Con veinte o treinta minutos menos, la película habría ganado en pulso sin perder nada de su impacto.
Mi tercer (y último) reproche sería sobre los efectos digitales usados para crear a las criaturas. Su diseño en sí me pareció justito pero correcto, pero los efectos usados para darles vida no están a la altura del gran rodaje y la gran fotografía.
Me gustó, en cambio, la ambientación ochentera, que se percibe sin necesidad de entrar en demasiados detalles de fechas y que le da a la película un aire de serie B de otra época muy bien traído. Y me gustaron las gotas de humor que salpican la cinta, en algunos casos totalmente autocríticas, que dan un respiro entre escena y escena y revelan que Na no se toma demasiado en serio a sí mismo ni a su propio género.
No creo que Hope esté a la altura de sus thrillers más redondos, y tampoco que sea la obra maestra que algunos han proclamado: le faltan historia y contención. Pero como ejercicio de dirección, como demostración de cómo se construye el suspense y se rueda una persecución, es un espectáculo muy notable y por momentos extraordinario. Con todo, es una película muy recomendable, y me quedo con ganas de ver hacia dónde la lleva Na.
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