Crónica del séptimo día del Festival. Películas vistas: Human Lost, Super Me y Synchcronic
Hoy ha sido una jornada con mucha presencia de cine asiático, con la presencia de SABU, el director y actor japonés que comparte generación con pesos pesados del cine japonés como Takeshi Kitano o Takashi Miike. SABU presentará dos películas en este festival, Dancing Mary, que tendrá en Sitges su estreno mundial y Jam. También se ha realizado el estreno mundial del anime Her Blue Sky, dirigida por Tatsuyuki Nagai, con la guionista Mari Okada (El himno del corazón) y el productor Genki Kamawura, responsable de películas como Your Name. También se ha podido ver, en el marco de la sección Noves Visions, la producción taiwanesa Nina Wu, dirigida por el birmano criado en Taiwan Midi Z. De Corea del Sur se ha presentado The Gangster, The Cop and The Devil, de Won-Tae Lee y de China nos ha llegado Super Me, de Zhang Chong, que ha estado presente en la proyección y se ha quedado después para charlar con los espectadores cerca del cine Retiro.
Cuando aún quedan cuatro días de Festival, Ángel Sala y su equipo ya han avanzado en primicia alguna de las líneas de Sitges 2020, que se celebrará del 8 al 18 de octubre y navegará entre el 65 aniversario de La noche del cazador de Charles Laughton -ojalá la proyecten, me encantaría verla en pantalla grande- y el 60º de La máscara del demonio de Mario Bava.
Yo empiezo el día viendo el anime Human Lost de Fuminori Kizaki en la Sala Tramuntana. La película se basa libremente en la novela Indigno de ser humano de Osamu Dazai, traslando su acción en un futuro distópico con una estética muy cyberpunk. La acción transcurre en el Tokyo de 2036. Gracias a la revolución médica de las nano-máquinas, controladas por una red llamada SHELL, los seres humanos ya no sufren enfermedades y poseen una vida útil de 120 años. Sin embargo, la población está más controlada que nunca en la historia, las desigualdades económicas son enormes, la polución envenena el aire de la ciudad y el fenómeno “Human Lost”, que produce seres deformes conocidos como “Lost” cuando las personas son desconectadas de la red SHELL. Estas desconexiones son provocadas por una droga creada por un personaje misterioso que parece querer acabar con el sistema. Yozo Oba, un joven pintor extraordinariamente infeliz, es convencido por su amigo Masao para realizar una incursión a la fuerza en los barrios privilegiados de la ciudad, separados por puentes y muros; para ello reciben una dosis de la droga, que provoca su transformación en Lost. Yoshiko Hiiragi, una chica con misteriosas habilidades que pertenece a la agencia anti-Lost HILAM, le salva la vida y él mismo descubre que posee poderes extraordinarios.
Human Lost es un anime cuya ambientación y estética están poderosamente influenciadas por películas como Akira o Ghost in the Shell. Al igual que estas películas, su trama mezcla escenas de acción espectaculares con la reflexión, en este caso sobre qué significa ser humano y cuál sería el coste, vital y social, que debería pagar la humanidad si tuviera esa tecnología que alarga la vida pero potencialmente limita las libertades. Pero no hay que engañarse, Human Lost está bastante lejos de sus referentes; su exposición inicial de la situación ofrece una sobrecarga de información confusa y difícil de digerir y los personajes son muy esquemáticos. También tiene sus virtudes; la animación es buena y el diseño de personajes y la ambientación están muy bien; sus escenas de acción son vibrantes y espectaculares y el argumento es interesante. Me ha parecido una película correcta pero nada más; una lástima, porque tiene el material para ser mucho mejor.
Por la tarde acudo al Retiro a ver Superme, una producción china dirigida por Zhang Chong. El director y el productor Liu Bo estuvieron presentes en la sala para presentar la película y se quedaron después de su proyección para hablar con los espectadores. El protagonista de la película es el joven guionista Sang Yu (Darren Wang), un escritor con talento pero sin dinero para el alquiler y sin posibilidad de terminar el guion que tiene asignado: no puede dormir. Cada vez que cierra los ojos y se duerme tiene un sueño terriblemente vívido en el que una criatura monstruosa lo persigue y lo mata, despertándolo. Incapaz de sobreponerse, es deshauciado y acaba en la calle. Cuando parece que ha tocado fondo sigue el consejo de un vendedor de comida ambulante que se ha apiadado de él y la próxima vez que tiene un sueño, no sólo logra despertar antes que le maten sino que se lleva un objeto del sueño a la realidad. A partir de aquí empieza a sacar objetos de sus sueños y a venderlos, haciéndose rico en pocos días. Sólo le cuenta esto a su único amigo, que pronto pasa a ser su ayudante. Tras procurarse un estilo de vida lujoso, pasa a intentar conquistar a la chica que le gusta desde hace años, propietaria de un café que pasa por dificultades. Pero tras un tiempo en el que las cosas parecen sonreírle, descubrirá que sus rapiñas nocturnas tienen un precio.
Superme es una película de fantasía y aventuras que viene acompañada de una moraleja muy poco sutil. La historia tiene una mezcla de influencias muy atractivas: realidades paralelas, conectadas por el mundo de los sueños; una especie de portal inconsciente común a todas las versiones de una persona; una miríada de mundos oníricos, siempre habitados por una persona monstruosa agresiva, sobre los que el protagonista pasa a tener un control creciente. Esta última idea es quizás la más desarrollada, implicando que quizás ese monstruo es algún tipo de representación del mismo personaje. Pero ante todo la película es una comedia de aventuras, que prioriza la historia de amor, la torpeza del protagonista y su amigo con fines humorísticos y que crea una amenaza en el mundo real al final de la historia que parece un poco sacada de la chistera para darle un poco más de sal y pimienta al conjunto. Y tampoco debe olvidarse la moraleja: el materialismo, la acumulación de riqueza sin esfuerzo es mala y acaba pasando factura. Todo esto me provocó una reacción ambivalente; por un lado me gustaron los efectos especiales y la imaginería onírica de la película, me gustaron los actores, especialmente el protagonista, que tiene una buena vis cómica y me entretuvo. Por otro me molestó su obvio mensaje moralizante -aunque pueda estar de acuerdo, no me gusta que me adoctrinen- y lo poco que desarrolla los temas de fondo que plantea.
Termino el día en el Auditori viendo Synchronic, una película estadounidense dirigida por Justin Benson y Aaron Moorhead, ambos presentes en la sala para presentarla. La película tiene como protagonistas a dos paramédicos que trabajan en una ambulancia en New Orleans. Steve (Anthony Mackie) y Dennis (Jamie Dornan) son amigos desde hace años; Dennis tiene esposa y dos hijas, una de ellas casi adulta, Brianna (Ally Ioannides); Steve en cambio es soltero y mujeriego. Como es normal, tras años viviendo así cada uno envidia un poco la vida del otro y está cansado de los aspectos negativos de la suya. Cuando realizan el servicio nocturno su trabajo puede ser muy duro; tienen que lidiar con víctimas de agresiones, sobredosis y escenas de delitos. Pero en los últimos tiempos se están enfrentando a víctimas con heridas muy extrañas, con el único hilo conductor de Synchronic, una nueva droga de diseño que al parecer tomaron todos. El tema se vuelve personal cuando Brianna desaparece tras ir a una fiesta donde se consumió la droga. Steve, que descubre que tiene un tumor en el cerebro que afecta a su glándula pineal, empieza a tomar la droga para tratar de averiguar qué ha podido pasar. Y para su sorpresa descubre que una dosis te transporta físicamente a un momento del pasado. Y si no se tiene cuidado, puedes quedar atrapado en ese tiempo.
Justin Benson y Aaron Moorhead, que dirigieron la notable The Endless, una película indie de ciencia-ficción con una historia interesantísima, presentada en la edición de 2017 del Festival, han apostado por una propuesta más comercial y de más presupuesto para su siguiente trabajo. Synchronic tiene una trama más lineal, que parte de una idea y unos personajes interesantes, pero que me pareció mucho menos redonda. La película tiene problemas de ritmo y su trama tiene demasiados saltos y casualidades para mi gusto. En mi opinión Steve, que tiene la lesión justa para que pueda consumir la droga como un jovencito, acepta y racionaliza algo muy chocante a una velocidad de record. La forma que tiene la película de contar al espectador las reglas de los viajes en el tiempo me pareció algo torpe, así como alguno de los viajes de prueba. Pero la película tiene sus cosas buenas; los actores realizan trabajos muy competentes y la dirección y la fotografía están muy bien. En conjunto la película entretiene, pero me dio un poco la sensación de ser más para domingo por la tarde en la televisión que para el cine. Quizás es que esperaba algo más de los directores.
(c) 2019 Jordi Flotats