Aina Clotet debuta en la dirección con Viva, un drama con toques de comedia sobre una mujer que se reencuentra con su cuerpo y su deseo tras superar un cáncer. Un debut desigual pero arriesgado, sostenido por la propia interpretación de Clotet.

Aina Clotet, actriz con más de veinte años de carrera en cine, televisión y teatro, da el salto a la dirección con Viva, una mezcla de drama y comedia sobre una mujer que se reencuentra con su cuerpo, su deseo y su miedo a la muerte tras superar un cáncer. Un debut arriesgado y desigual, pero con un pulso propio que vale la pena seguir.
Clotet lleva dos décadas delante de las cámaras, pero Viva es su primer largometraje como directora; ella misma coescribe el guion junto a Valentina Viso y coproduce la película, además de protagonizarla. Se presentó en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes 2026, donde el jurado presidido por Payal Kapadia le concedió el Premio Revelación por su propia interpretación. Entré a verla con curiosidad, sin saber muy bien qué esperar de una actriz que debutaba tras la cámara en un registro tan personal, y salí contento del cine.
La protagonista es Nora (interpretada por la propia Clotet), una investigadora científica que trabaja en un proyecto contra el envejecimiento celular y que acaba de superar un cáncer de mama. La película arranca justo cuando le están haciendo una mamografía del pecho que conserva y la doctora le recomienda hacerse una punción para descartar un problema muy hipotético. Justo cuando estaba a punto de volver al trabajo y a su vida, Nora entra en un pánico que no la abandonará en toda la película. A las puertas de los 40, vive una encrucijada: por un lado, su vida tal como estaba planeada antes de la enfermedad: la relación estable que mantiene desde hace años con Tom (Marc Soler), su trabajo, su familia y amigos de siempre; por otro, el disfrute puro de la vida, personificado en Max (Naby Dakhli), un joven de 23 años que despierta en ella una pulsión de deseo y libertad que creía dormida.
Alrededor de Nora se mueve un círculo que, sobre el papel, debería sostenerla: sus padres, Tom, su mejor amiga (Zaïra Pérez), embarazada y a las puertas de la maternidad. En la práctica, todos están más pendientes de sus propias circunstancias que de acompañarla en su proceso interior. Un proceso interior que ella misma se resiste a compartir. Clotet usa esa soledad rodeada de gente para ir alternando el registro dramático con momentos de comedia y situaciones extravagantes.
DrLo que mejor funciona en Viva es precisamente la mezcla de tonos, y sobre todo su imprevisibilidad: la película no avisa cuándo va a virar de la comedia al drama ni hacia dónde va a llevar a Nora en la escena siguiente, y ese riesgo constante es lo que más se agradece del debut de Clotet, aunque alguna de esas decisiones no acabe de funcionar al cien por cien. Clotet no teme que una escena de pánico ante la enfermedad conviva con otra directamente cómica, y ese vaivén, en sus mejores momentos, se siente vivo en vez de errático. El montaje de Aina Calleja acompaña esa fragmentación con secuencias hiladas más por asociación temática que por una línea dramática progresiva; funciona cuando aporta energía, pero en el tramo final empieza a notarse como estructura y no como impulso, y los 112 minutos de metraje se sienten más largos de lo que deberían.
El verdadero sostén de la película es Clotet delante de la cámara. Construye a Nora con un naturalismo que evita la solemnidad incluso en los momentos más duros. Marc Soler le da la réplica con una contención que aporta la profundidad que a veces le falta al guion. El problema es todo lo que queda alrededor de ambos: el resto del reparto está dibujado con brocha gorda, más como funciones narrativas (la amiga embarazada, los padres, el propio Max) que como personajes con peso propio, y eso empobrece el retrato de Nora en vez de reforzarlo por contraste.
Una de las virtudes (y quizá de los defectos) del guion es que nos presenta siempre el punto de vista de la protagonista sin cuestionarlo. Nora está lejos de la perfección: puede ser egoísta con quienes la rodean, hiriéndolos de forma consciente. Pero esa ausencia de juicio es una elección y no un despiste: Clotet filma la realidad tal como la percibe Nora, sin la voz correctora de un narrador omnisciente ni de un personaje que le haga de espejo moral, y deja que sea el espectador quien decida qué pensar de ella. Es una apuesta arriesgada y que no sale del todo bien: el reparto secundario, esbozado sin matices, no tiene entidad suficiente para ejercer ese contrapeso ni aunque quisiera.
No creo que Viva sea una película redonda, pero es de esos debuts que prefiero mil veces a uno prudente y bien resuelto: nunca sabes hacia dónde va a llevarte la escena siguiente, y ese riesgo constante, aunque falle alguna vez, es lo que hace que la película se quede en la cabeza más de lo que se quedaría si hubiera jugado sobre seguro. Clotet demuestra que también sabe dirigir, con un sentido del tono cómico-dramático poco habitual en el cine español, y sostiene todo el conjunto con una interpretación que hace mucho más fácil perdonarle los tropiezos al guion. Si en su próxima película consigue que los personajes que rodean a su protagonista arriesguen tanto como ella, puede dar mucho que hablar.