Destin Daniel Cretton coge las riendas de la saga con Spider-Man: Brand New Day y devuelve al hombre araña a la escala pequeña: un héroe más adulto, un crimen a ras de calle y menos fuegos artificiales cósmicos. Aún con sus defectos, la película es correcta y está bien realizada. Lo mejor que Marvel ha estrenado en años.
Spider-Man: Brand New Day

Confieso que llevaba tiempo entrando a las películas de Marvel más por inercia que por ganas. La maquinaria del estudio ha convertido tantos estrenos en episodios intercambiables de una serie infinita que ya cuesta recordar cuándo una de sus películas se sostuvo por sí sola. Por eso Spider-Man: Brand New Day me ha sorprendido: no es una obra maestra, pero sí una película correcta, sólida y con criterio. Lo mejor que he visto salir de Marvel en años.

Buena parte del mérito es del cambio de manos. La saga pasa de Jon Watts a Destin Daniel Cretton, un director interesado en las personas sometidas a presión, y esa sensibilidad se nota. La película arranca de la premisa de que, tras No Way Home, Peter Parker (Tom Holland) vive en un mundo que lo ha olvidado: combate el crimen a tiempo completo, pero nadie recuerda ya quién es, ni siquiera quienes fueron sus personas más cercanas. Es un Spider-Man cansado, adulto y mentalmente exigido, muy lejos del adolescente entusiasta de la trilogía anterior. Marvel Studios y Sony estrenan la función, escrita por Chris McKenna y Erik Sommers, apostando deliberadamente por una escala más íntima frente al espectáculo multiversal.

Y ahí está, para mí, el gran acierto. Me gustó mucho la decisión de devolver a Spider-Man a su esencia de "amigo y vecino": un héroe de barrio que se enfrenta al crimen a pie de calle y se aleja de los villanos cósmicos y las amenazas que borran galaxias. Igual de inteligente me parece la idea de hacer madurar al personaje al mismo ritmo que el propio Holland va perdiendo su aspecto tan juvenil; el actor y el personaje envejecen juntos, y esa coherencia da a la película una verdad que los reinicios suelen esquivar. Se trata de un Peter Parker que crece, que carga con el peso de su doble vida, y la película tiene la valentía de tomarse en serio ese duelo.

El problema es que a veces se lo toma demasiado en serio. Con todo lo que aplaudo del enfoque, la duración me pareció excesiva. La película sufre cierta reiteración en su tramo inicial, ese en el que Peter padece su aislamiento del mundo: la idea está clara enseguida, pero el guion insiste en ella una y otra vez antes de arrancar de verdad. 

En el capítulo de villanos, Sadie Sink cumple y me gustó, aunque tengo una objeción de guion más que de interpretación: dado quién es su personaje dentro del universo Marvel, sus acciones me resultaron demasiado extremas para el desenlace que finalmente tienen. Hay una desproporción entre lo que hace y adónde la lleva la película que descoloca un poco. En el lado opuesto, la ocurrencia de convertir al Punisher de Jon Bernthal en una suerte de alivio cómico no es en absoluto mala: sus escenas con Spider-Man son divertidas y aportan un contrapunto necesario a tanta melancolía, aunque el humor no termine de compensar del todo la ausencia de la vieja complicidad de Peter con sus amigos.

Mención aparte merece Zendaya. Como siempre, eleva el nivel de las películas en las que aparece: es una gran actriz con el carisma de una estrella de cine, y aunque aquí interviene poco, su personaje se siente totalmente real, con una densidad que muchos secundarios del MCU jamás alcanzan.

En lo formal, la película también acierta: la fotografía de Brett Pawlak retrata una Nueva York mucho más sucia, texturada y viva que la de la trilogía anterior, y la partitura de Michael Giacchino —cuarta colaboración con el personaje— reescribe sus temas en clave más trágica, despojándolos de heroísmo. Agradecí enormemente que hubiera más efectos prácticos de lo habitual en Marvel y, sobre todo, que el clímax renunciara a la enésima batalla de "bolas luminosas" digitales que suele desconectarme de estas películas. Aquí el final se mantiene a ras de suelo, y se agradece.

Otro reproche es el habitual con Marvel: los crossovers obligatorios. Siempre es un placer ver en pantalla a dos actores tan buenos como Mark Ruffalo y Florence Pugh, pero sus apariciones se sienten forzadas y, en el caso de la segunda especialmente, resultan innecesarias para la trama. Son esas costuras del "universo compartido" las que recuerdan que, por muy personal que quiera ser la película, sigue siendo una pieza de un engranaje mayor que tira de ella hacia fuera justo cuando funciona mejor hacia dentro.

Spider-Man: Brand New Day me ha parecido, en resumen, una película correcta y notablemente mejor que la media reciente del estudio. Peca de larga y reiterativa en su arranque y no logra sacudirse del todo la maquinaria del MCU, pero tiene una idea clara del personaje, un tono adulto que le sienta bien y un puñado de decisiones como el regreso a la escala pequeña, la madurez de Holland, los efectos prácticos, un clímax contenido, que la distinguen. Si Cretton logra en la próxima entrega aligerar el metraje y protegerla de las interferencias corporativas, esta saga puede tener por delante unos años estupendos. Por lo pronto, es un reinicio que da esperanza.

(c) 2026 Jordi Flotats

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