Una estupenda vuelta de tuerca a la idea del "deseo maldito" en clave de terror que explora las relaciones tóxicas y el amor posesivo

Este verano de 2026 está siendo el de las películas de terror que rompen la taquilla por sorpresa. Después de la excelente Backrooms, de Kane Parsons, nos llega Obsession, la segunda película de Curry Barker, un joven de 26 años que se dio a conocer en YouTube con videos que combinan el terror y la comedia. Obsession se ha convertido en la primera película del siglo XXI que logra recaudar más de 200 millones de dólares con un presupuesto menor de un millón. Como aficionado al género y al buen cine sólo me queda alegrarme, porque aparte de exitosas, estas películas también me parecen muy interesantes.
Escrita por el propio Barker, Obsession gira alrededor de la idea del "deseo maldito", usada en multitud de ocasiones en la literatura y el cine. Ese deseo ardiente que te es concedido sin haber hecho nada para merecerlo sólo para que descubras las consecuencias nefastas que puede llegar esconder. En este caso ese deseo le sirve al director para hablar sobre las relaciones románticas tóxicas y unilaterales y sobre la masculinidad frágil.
Baron "Bear" Bailey (Michael Johnston) es un empleado tímido de una tienda de música que lleva años enamorado en secreto de su compañera de trabajo y amiga de la infancia, Nikki Freeman (Inde Navarrette). Bear y Nikki trabajan en una tienda de instrumentos musicales junto a sus amigos Ian (Cooper Tomlinson, quien además es el colaborador habitual de Curry Barker en sus sketches de comedia en YouTube) y Sarah (Megan Lawless). Incapaz de confesar sus sentimientos a Nikki, Bear compra en una tienda de ocultismo un "One Wish Willow", un juguete de aspecto kitsch de los años sesenta que promete conceder un deseo a quien rompa una de sus ramas. Frustrado consigo mismo tras un encuentro en el que no se atreve a declararse, Bear rompe el juguete y desea que Nikki lo ame "más que a nadie en el mundo".
A partir de ahí, la Nikki que Bear conocía cambia totalmente. Por un lado demuestra un interés romántico obsesivo hacia su persona. Pero por otro la chica a la que conocía empieza a ser sustituida por una versión volátil e inquietante de sí misma: su comportamiento se vuelve errático, sus reacciones emocionales resultan desproporcionadas y aparecen episodios de violencia cada vez más perturbadores, primero dirigidos hacia sí misma para luego ir escalando hasta su entorno. Bear, atrapado entre la culpa y el deseo cumplido, intenta deshacer el hechizo mientras descubre que las consecuencias de su petición son mucho más profundas —y más siniestras— de lo que imaginaba.
Barker nos explica esta historia en clave de terror, usando al personaje de Nikki como "monstruo" de la película a medida que su comportamiento se va volviendo más y más preocupante. Toda la trama se traduce en las convenciones del terror: con un crescendo de momentos inquietantes que estalla en un clímax final tremendo. Pero Barker no deja del todo atrás su vena de cómico de YouTube: intercala un humor negro, a veces directamente perverso, que en lugar de aliviar la tensión la incrementa todavía más.
Inde Navarrette está espléndida: su actuación está llena de fuerza, inquieta y a la vez transmite esa idea de posesión, ya que en la película el deseo no reescribe la realidad para que Nikki quiera a Bear sino que la impone, simplemente forzando su comportamiento para que se adapte a ese amor obsesivo. En varias ocasiones la película ilumina al personaje de forma que sólo vemos su silueta, mostrando visualmente esa idea.
Michael Johnston también está fantástico en su papel. Se nos presenta como protagonista pero en realidad en mi opinión es el villano. Su personaje empieza siendo el estereotipo del chico bueno e incomprendido. Es tímido, reservado, inseguro y parece sufrir en silencio por el amor no correspondido de su amiga Nikki. Sin embargo, la trama de la película deconstruye esta fachada mostrando que su timidez esconde buenas dosis de cobardíay egoísmo.
Cuando el deseo se cumple y la personalidad de Nikki empieza a distorsionarse de forma grotesca y violenta, perdiendo por completo su libre albedrío y convirtiéndose en un cascarón vacío y autodestructivo obsesionado con él, Bear decide ignorar las señales de alarma para seguir disfrutando de la atención que siempre quiso. Prioriza su propia gratificación emocional por encima del bienestar mental y físico de Nikki. Y le preocupa mucho más cómo le inquieta a él el comportamiento de Nikki que lo que esa pérdida de libertad significa para ella. De hecho, hasta que la situación amenaza con descontrolarse, ni piensa en romper el hechizo porque prefiere tener una versión sumisa y ausente de Nikki que no tenerla en absoluto.
Irónicamente, uno de los puntos flojos de la película es que a pesar de presentar claramente a Nikki como la víctima, la película nos ofrece la perspectiva de Bear. Sólo tenemos un breve (y desgarrador) momento de la vida interior de ella.
Obsession es una buena película que, como el buen terror, usa el género para contar algo más. También le da la vuelta al estereotipo del "deseo maldito" para mostrarnos que en este caso lo maldito no era el artefacto sino el propio deseo.
(c) 2026 Jordi Flotats